Terry Gene Bollea, mundialmente conocido como Hulk Hogan, falleció este jueves a los 71 años en su residencia de Clearwater Beach, Florida. El carismático luchador, figura emblemática del entretenimiento deportivo durante más de cuatro décadas, sufrió un paro cardíaco, según informaron las autoridades locales. A pesar de recibir atención médica inmediata y ser trasladado al hospital más cercano, fue declarado muerto poco después. Con su inconfundible melena rubia, bigote en forma de herradura, pañuelos coloridos y bíceps de 24 pulgadas, que él mismo bautizó como “pitones de 24 pulgadas”, Hogan se convirtió en la cara visible de la lucha libre profesional, ayudando a transformar lo que alguna vez fue un espectáculo regional de bajo presupuesto en una industria multimillonaria de alcance global.

Durante la década de los años 1980, Hogan no solo llenaba estadios con miles de fanáticos enfervorizados sino que marcó un antes y un después en la industria del wrestling. Su estilo grandilocuente, sus frases motivacionales y sus espectaculares entradas con el tema “Real American” de Rick Derringer crearon un fenómeno conocido como Hulkamania, una ola de fervor que impactó a jóvenes y adultos por igual. “Cuando salgo de casa, el mundo no quiere a Terry. El cartero me dice ‘Hola, Hulk’. Así que en lugar de responder ‘Buenos días, señor’, le digo: ‘¡Hola, hermano, cómo estás!’”, confesó el propio Hogan en una entrevista en 2024, dejando ver la carga de ser un ícono cultural incluso fuera del ring.
Hogan alcanzó reconocimiento masivo con su participación en la película Rocky III (1982), donde interpretó a Thunderlips, un luchador arrogante que se enfrentaba al boxeador Rocky Balboa en un combate de exhibición. Aunque su aparición fue breve, su interpretación dejó una huella indeleble en la audiencia, convirtiéndose en una figura de culto tanto dentro como fuera del cuadrilátero. Tras su breve paso por el cine, regresó con fuerza al entonces llamado World Wrestling Federation (WWF) en 1983, iniciando una etapa de dominio sin precedentes que incluyó múltiples campeonatos y momentos memorables, como su combate ante André the Giant en WrestleMania III (1987), donde logró levantar al coloso de más de 500 libras frente a una multitud en el Silverdome de Michigan. Ese momento, a pesar de estar guionizado como todo en la lucha libre, quedó grabado en la memoria colectiva como una de las hazañas más impactantes del deporte-espectáculo.
El ritual antes de sus combates era tan esperado como el combate en sí. Hogan se paraba en el centro del ring, se llevaba la mano a la oreja incitando a la multitud a gritar más fuerte y se arrancaba su camiseta, previamente rasgada, para desatar la euforia. Los fanáticos lo adoraban tanto por su presencia física como por su carisma arrollador y su capacidad para encarnar el espíritu patriótico estadounidense durante los tensos años de la Guerra Fría, enfrentándose en el ring a villanos como The Iron Sheik (Irán) o Nikolai Volkoff (URSS). Sin embargo, también hubo detractores. Entre los puristas de la lucha libre, Hogan fue criticado por su técnica limitada. Fue varias veces nombrado el luchador “más sobrevalorado” por la revista especializada Wrestling Observer. Aun así, su popularidad nunca flaqueó y su figura era sinónimo de espectáculo garantizado.
Ya en los años 1990, con el auge de su fama disminuyendo ligeramente, Hogan hizo una jugada audaz al mudarse a la WCW (World Championship Wrestling) en 1994, donde se reinventó como “Hollywood Hogan”, liderando la infame facción del New World Order (nWo) y adoptando el rol de villano. Esta nueva etapa revivió su carrera y solidificó su estatus como uno de los personajes más versátiles en la historia del wrestling. En 2005 protagonizó el reality show Hogan Knows Best, en el que compartía su vida familiar junto a su esposa de entonces, Linda Claridge, su hija Brooke (cantante) y su hijo Nick (piloto de autos). También actuó en películas como No Holds Barred (1989) y Mr. Nanny (1993), y en la serie de acción Thunder in Paradise.
A lo largo de su carrera, Hulk Hogan no solo ayudó a popularizar la lucha libre en televisión y PPV, sino que personificó la fusión entre deporte, espectáculo y cultura pop. Su energía, su lenguaje corporal exagerado, sus frases como “Say your prayers and eat your vitamins” (“Reza y toma tus vitaminas”) y su famoso “Whatcha gonna do when Hulkamania runs wild on you?” lo elevaron al estatus de mito viviente. El impacto de Hogan fue tal que The New York Times escribió en 1984: “En el blasé Manhattan, donde Jackie O. y Mr. T pueden caminar sin ser molestados, Hulk Hogan no puede avanzar ni tres metros”. Hogan deja un legado que pocos en el mundo del entretenimiento han alcanzado. Le sobreviven su esposa Sky Daily, sus hijos Brooke y Nick, y dos nietos. Para millones de fanáticos, Hulk Hogan no fue solo un luchador: fue un héroe moderno, un ícono de la televisión, y la personificación de una era dorada donde los sueños más descabellados eran posibles… si los gritabas con suficiente fuerza.
Antes de ser el rostro mundial del wrestling y antes de protagonizar el primer WrestleMania en 1985, Hulk Hogan ya había vivido una experiencia de lucha libre que lo marcaría para siempre: enfrentarse a Canek en el Toreo de Cuatro Caminos, considerado por muchos como el “cementerio de máscaras” y epicentro de la lucha independiente en México. En un domingo de 1983, en la catedral de la lucha libre independiente, Hulk Hogan hizo su debut en el Toreo de Cuatro Caminos de Naucalpan, Estado de México. Fue invitado por la empresa UWA (Universal Wrestling Association), que mantenía vínculos con promotores internacionales y que ofrecía un estilo de lucha híbrido, combinando la tradición mexicana con figuras extranjeras. En esa función, Hogan formó equipo con el japonés Gran Hamada, una leyenda del estilo aéreo oriental muy querida por la afición mexicana. Su reto fue de alto calibre: enfrentarse a dos íconos de la lucha nacional, El Perro Aguayo y Canek, gladiadores rudos, aguerridos y profundamente respetados por el público. Aquella lucha fue una auténtica guerra. Hogan, acostumbrado a combates más estructurados, se topó con un estilo recio, ágil y sin concesiones. Y aunque su fuerza era impresionante, tanto Aguayo como Canek supieron neutralizarlo con técnica, resistencia y experiencia.
Poco después, La WWF intentaba internacionalizar su producto, especialmente hacia el público hispano. En ese contexto, Mil Máscaras, leyenda viva de la lucha libre mexicana, fue uno de los primeros en abrir camino en Estados Unidos. Aunque no se enfrentaron en un combate directo, Mil Máscaras y Hogan compartieron cartel en algunas funciones de la WWF. Mil Máscaras era ya una figura respetada en Japón y México, y su estilo contrastaba fuertemente con el enfoque más teatral y físico de Hogan. La coexistencia de ambos luchadores en los carteles marcó un momento clave de convergencia entre dos mundos: el espectáculo estadounidense y la técnica mexicana.