La nueva versión de ¿Y dónde está el policía?, que ya esta en los cines y es una película completamente absurda. Y eso no es una crítica: es su mayor virtud. Esta actualización del clásico de parodia policial popularizado por Leslie Nielsen no escatima en tonterías: hay comedia física, juegos de palabras, marionetas deliberadamente mal hechas, y hasta un sinfín de gags escatológicos. Todo con un solo objetivo: hacer reír sin pretensiones. Y lo logra.Con apenas 85 minutos de duración, esta nueva entrega protagonizada por Liam Neeson en el papel del torpe detective Frank Drebin Jr. rinde homenaje a la franquicia original, derivada de la serie Police Squad! y sus tres películas, apostando por el mismo tipo de humor: chistes rápidos, juegos visuales y una narrativa completamente disparatada.

El nuevo ¿Y dónde está el policía?, no tiene miedo de parecer ridículo. De hecho, su humor comienza en el casting: Neeson fue elegido en parte porque su apellido suena vagamente similar al de Nielsen. Pero el resultado va más allá de la simple coincidencia fonética. Aunque Neeson aporta una presencia más sobria que su predecesor, su compromiso con el personaje es total: interpreta a Frank con seriedad incluso cuando el guion lo pone en situaciones completamente ridículas, como peleas con brazos arrancados que usa como nunchakus o emergencias intestinales provocadas por un Hot Dog con hile.
Detrás de cámara, Akiva Schaffer, miembro de The Lonely Island, dirige con un estilo visual mucho más dinámico que el de las entregas originales. Mientras las películas de los 1980 y 1990, optaban por composiciones planas y televisivas, aquí la cámara se mueve con fluidez, subrayando aún más la ridiculez de cada escena. Esta contradicción entre el estilo cinematográfico serio y los chistes tontos es uno de los grandes aciertos de la película.

Además de Neeson, el elenco incluye a Paul Walter Hauser como Ed Hocken Jr., el compañero de Drebin, y a Pamela Anderson como la femme fatale Beth Davenport, una autora de libros de crímenes reales. Anderson, en particular, destaca con momentos de comedia física inesperadamente efectivos, mientras que Hauser asume el rol del “hombre serio” que reacciona a las locuras de su colega. La película también hace eco del humor visual de sus predecesoras: logotipos corporativos falsos, letreros absurdos y nombres intencionalmente ridículos aparecen en segundo plano, enriqueciendo la experiencia para quienes estén atentos. Hay incluso una arena de MMA llamada en parodia de Crypto.com Arena. Y sí, el plan malvado del villano, interpretado por Danny Huston, gira en torno a un artefacto llamado literalmente “P.L.O.T. Device”.
Como sus antecesoras, la cinta incorpora referencias culturales actuales y pasadas, aunque algunas, como menciones al Super Bowl de 2004 o a los Black Eyed Peas, podrían sentirse algo desfasadas. Sin embargo, ese tipo de anacronismos no es nuevo en la saga: películas anteriores ya bromeaban sobre figuras como Zsa Zsa Gabor o Walter Mondale. Más allá de los gags visuales, el guion mantiene el ritmo con juegos de palabras al estilo de “¿Cigarrillo?” “Sí, lo es” o “No puedes luchar contra el ayuntamiento” “No, es un edificio”. También hay espacio para secuencias más elaboradas y absurdas, como un combate en cadena donde los villanos hacen fila para atacar a Frank, cada uno tomando un número como si esperaran turno en una carnicería.

Aunque Neeson no alcanza el nivel caricaturesco de Nielsen, aporta una nueva dimensión al personaje: un héroe torpe pero digno, atrapado entre su seriedad y el caos que lo rodea. El resultado es una película que, sin reinventar el género, demuestra que la comedia absurda todavía tiene un lugar en las salas de cine. Especialmente en un año donde las comedias de gran presupuesto escasean en cartelera.
La dirección de Schaffer, junto con un guion plagado de bromas efectivas, elevan esta entrega por encima de otros intentos fallidos del pasado por revivir el formato de parodia. Aunque ¿Y dónde está el policía? se siente como un producto de otra época, también es una muestra clara de que hay espacio para películas que simplemente quieren hacernos reír sin complejidades. La comedia no cambiará el rumbo del cine ni reinventará el género, pero en un mundo donde reír en la oscuridad de una sala junto a extraños se ha vuelto casi una rareza, películas como esta resultan más valiosas de lo que parecen.

