Héctor Castro Aranda | El 28 de noviembre, Fangoria dejó claro por qué el proyecto que Alaska y Nacho Canut crearon a finales de los años ochenta sigue siendo una referencia indiscutible dentro del pop y electrónica en español. La agrupación ofreció un espectáculo lleno de identidad, memoria musical y una energía que conectó a fans veteranos y nuevos seguidores sin necesidad de nostalgia forzada: solo canciones que han acompañado décadas de vida en el Palacio de Los Deportes de Ciudad de México.

La jornada comenzó pasadas las nueve de la noche con un guiño directo al pasado cuando Alaska apareció interpretando “Carne, huesos y tú”, tema emblemático de Alaska y Dinarama, la agrupación que antecedió a Fangoria. Esa elección no fue casual: fue una forma de unir su trayectoria y recordar la etapa que la consolidó como figura fundamental del pop en español. Durante casi dos horas, Fangoria alternó sencillos de distintas épocas, desde los más recientes hasta aquellos que surgieron en sus inicios, creando un recorrido amplio y contundente por su catálogo artístico.

Para entender la fuerza de Fangoria sobre el escenario es clave mirar atrás. Antes del actual proyecto, Alaska formó parte de Alaska y Dinarama, agrupación nacida en 1982 tras la disolución de Alaska y Los Pegamoides. Con Carlos Berlanga y Nacho Canut como compositores centrales, Dinarama se convirtió en una pieza esencial de la llamada movida madrileña. Canciones como “Ni tú ni nadie” o “A quién le importa” marcaron una época y aportaron un estilo distintivo, basado en letras irónicas, melodías contagiosas y una estética que rompía con lo convencional.

Tras la separación del grupo a finales de los ochenta y la salida creativa de Berlanga, Alaska y Nacho decidieron iniciar un proyecto totalmente nuevo: Fangoria, fundado oficialmente en 1989. El propósito era experimentar con sonidos electrónicos más oscuros, sintetizadores, bases programadas y un concepto visual más teatral y futurista. Su evolución fue paulatina, hasta convertirse en una de las propuestas más influyentes del pop electrónico en español. Esa transición redefinió la carrera de ambos y marcó el inicio de una etapa más libre y moderna, que con el tiempo se consolidó con discos como Naturaleza muerta, Arquitectura efímera y Absolutamente.


Durante su show, Alaska volvió a confirmar su magnetismo escénico ante los más de ocho mil presentes. A sus 61 años, mantiene una presencia que no depende de artificios, aunque los cambios de vestuario, el cuerpo de baile y la producción visual sí añadieron un marco espectacular a cada tema. La audiencia respondió con una entrega total en piezas como “Ni tú ni nadie”, “Dramas y comedias”, “Espectacular”, “Perlas ensangrentadas” y “Retorciendo palabras”, transformando el recinto en un enorme coro. Uno de los momentos más emotivos llegó con la interpretación de “Perlas ensangrentadas”, canción que también sirvió de homenaje a Carlos Berlanga, figura clave en las primeras etapas de Alaska y uno de los compositores más influyentes en la historia del pop español. El recuerdo fue recibido con un silencio respetuoso que luego se convirtió en aplausos prolongados.

El espectáculo contó con coreografías precisas, un cuerpo de baile que aportó teatralidad y un acompañamiento instrumental que elevó cada canción. Mención especial merece la participación del saxofonista y performer Tavi Gallart, quien sumó arreglos inesperados y una presencia escénica que añadió humor y dramatismo al montaje. La producción mezcló luces, visuales y un diseño sonoro que aprovechó cada esquina del auditorio. Fangoria sabe cómo trabajar el equilibrio entre lo electrónico y lo pop sin caer en excesos; todo está medido para que la música sea la guía.

El concierto concluyó con “El Rey del Glam”, tema que Alaska volvió a cantar junto con su alineación en pleno, un final perfecto para una noche que combinó memoria musical, baile y una solidez artística que pocos proyectos mantienen después de más de tres décadas. Fangoria continúa demostrando que su historia se construye sobre decisiones valientes: cambiar de rumbo cuando parecía imposible, reinventarse sin miedo y mantener una propuesta que sigue conectando con miles de personas. Lo que ocurrió en Noches del Botánico no fue simplemente un recital; fue la confirmación de que su universo musical sigue creciendo sin depender del pasado, pero sabiendo abrazarlo cuando es necesario.


