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The Rasmus gestionó poder con su Weirdo Tour 2025 en el Auditorio Telmex

Héctor Castro Aranda | En una noche marcada por el invierno tapatío, la melancolía nórdica y una carga emocional que fue de menos a más, The Rasmus ofreció en Guadalajara de los conciertos más sólidos y reveladores de su actual etapa creativa. Un conjunto que ha pasado por el Teatro Estudio Cavaret, Foro Expo, C3 Stage y Arena VFG hace 19 años, ahora fue el turno del Auditorio Telmex el 10 de diciembre. Más de tres décadas después de su formación, el grupo sigue siendo una fuerza relevante dentro del rock alternativo europeo. El concierto se dio en el tramo final del Weirdo Tour 2025, una gira que acompaña el lanzamiento de su undécimo álbum de estudio, Weirdo, un trabajo que funciona como declaración artística y como espejo de una banda que se niega a vivir de la nostalgia. Aunque para muchos The Rasmus está inevitablemente ligado a la era dorada de Dead Letters y temas generacionales como «In The Shadows».

Desde los primeros minutos quedó claro que el enfoque del concierto no sería un simple recorrido de éxitos. La apertura con “Rest In Pieces”, uno de los cortes más contundentes de Weirdo, estableció el tono de la noche: guitarras afiladas, una base rítmica precisa y la inconfundible voz de Lauri Ylönen, capaz de alternar entre fragilidad melódica y una oscuridad casi confesional. El setlist se construyó principalmente sobre dos ejes: Weirdo y Dead Letters, con seis canciones de cada álbum, creando un diálogo constante entre pasado y presente. Lejos de sentirse forzado, este equilibrio permitió observar la evolución natural del grupo, su capacidad para adaptarse sin perder identidad y su habilidad para integrar distintas influencias, del nu metal al pop rock, del emo al alternative, dentro de un mismo discurso sonoro.

Uno de los puntos más destacados del concierto fue la consolidación de Emilia Suhonen, la guitarrista más reciente en incorporarse a la banda, cuya presencia no solo suma fuerza instrumental, sino también una nueva dinámica vocal y escénica. Su interacción con Ylönen, especialmente en temas como “October & April”, aportó un matiz emotivo y contemporáneo que elevó varios momentos del show. Canciones como “Guilty”, “No Fear” y “Break These Chains” mostraron a una banda segura, técnicamente sólida y emocionalmente conectada con su audiencia. La ejecución fue precisa, sin excesos, dejando que las canciones respiraran y que los silencios jugaran un papel tan importante como los estallidos sonoros.

La reacción del público fue especialmente intensa durante la sección central del concierto, donde “Still Standing”, “Bullet” y “Shot” se entrelazaron en un medley que funcionó como homenaje a una etapa clave de la banda sin caer en la complacencia. Más adelante, “First Day of My Life” se convirtió en uno de los momentos más emotivos de la noche, con Ylönen iniciando el tema a capela y dejando que la audiencia tomara el control, transformando el recinto en un coro colectivo. El cierre del set principal con “In My Life” e “In The Shadows” fue, como era de esperarse, explosivo. El himno que definió a toda una generación volvió a demostrar su poder atemporal, provocando una reacción volcánica entre los asistentes y recordando por qué The Rasmus logró trascender fronteras lingüísticas y culturales a principios de los años 2000.

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