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Boxeo, rock and roll y nostalgia con Bryan Adams en Guadalajara

Héctor Castro Aranda | Para muchos, el multifacético canadiense Bryan Adams puede ser un artista aburrido por la gran mayoría de baladas al amor que tiene en su amplio repertorio musical, pero también tiene otra faceta y esa la descomprime en vivo: saca al verdadero ser que vive y respira rock and roll, que ama las bases de los grandes como Jerry Lee Lewis o Little Richard. No se esperaba nada y nos dio todo: un recital de altura el 28 de febrero en la Arena Guadalajara, su tercera visita y una pausa de ocho años para su retorno a la ciudad.

Como parte de su gira “Roll With The Punches”, Adams ofreció un concierto que equilibró oficio, cercanía y un repertorio capaz de atravesar generaciones sin perder intensidad. La producción apostó por un efecto sorpresa. Mientras la mayoría dirigía la mirada al escenario principal, Bryan Adams emergió desde una plataforma secundaria al fondo del recinto, guitarra acústica en mano. Las pulseras luminosas distribuidas entre el público comenzaron a brillar al unísono cuando arrancó “Straight From The Heart”. La respuesta fue inmediata: miles de voces acompañaron cada verso, transformando el estadio en un coro multitudinario.

El trayecto del cantante hacia el escenario principal tuvo tintes teatrales, con cámaras siguiéndolo en tiempo real y una entrada que evocaba el paso firme de un boxeador rumbo al combate. Una vez reunido con su banda, la energía se disparó con “Kick Ass”, seguida de “Run To You” y “Somebody”. Si bien el material reciente fue recibido con entusiasmo, los mayores picos de euforia llegaron con las canciones de Reckless, álbum que continúa siendo columna vertebral de su legado. El audio fue una delicia sonora, rimbombante, con graves amplios que provenían del canadiense, quien quiso tocar el bajo en la mayoría del concierto. Y qué decir de su banda: unos verdaderos ejecutantes musicales. Pero quien le dio el toque más rudo a las notas fue su baterista, Pat Steward.

La puesta en escena combinó sobriedad y recursos visuales llamativos. Durante “Roll With The Punches”, un guante inflable sobrevoló la arena, añadiendo un guiño lúdico al concepto de la gira. Más adelante, antes de “This Time”, Adams permitió que se proyectara el video original de la canción en las pantallas gigantes y bromeó sobre su antiguo estilo, generando risas entre los asistentes. Bryan Adams, quien también es fotógrafo profesional, tiene un cuidado muy receloso con su imagen desde hace varios años, haciendo cada vez más imposible la labor de ser retratado en los conciertos. A lo largo de los años ha publicado libros y expuesto su obra en galerías, construyendo una carrera paralela detrás de la cámara. Esa doble faceta alimentó las críticas, pues parte del gremio entendió que alguien familiarizado con la práctica fotográfica debería comprender la importancia de la autonomía creativa. Prácticamente toda esta gira ha cancelado los pases fotográficos, siendo de igual manera en Guadalajara.

Mientras tanto, el contraste era evidente dentro de los propios recintos. Los asistentes podían capturar imágenes y videos con sus teléfonos móviles sin restricciones aparentes, y el propio Adams ha compartido en redes sociales fotografías tomadas por seguidores durante sus presentaciones. Esta diferencia de trato entre público general y prensa especializada fue otro de los puntos señalados por los profesionales inconformes. Esto pone sobre la mesa una discusión más amplia sobre el control de la imagen en la era digital. En un contexto donde los artistas gestionan cuidadosamente su marca y su presencia visual, la tentación de supervisar cada fotografía publicada es comprensible desde una lógica de marketing. No obstante, cuando esa supervisión alcanza a los medios de comunicación, se cruza una línea delicada entre la protección de la imagen y la limitación del trabajo informativo.

Regresando a la música. Uno de los momentos más emotivos llegó con el recuerdo a Tina Turner, a quien dedicó palabras de afecto antes de entonar “It’s Only Love”. La interpretación estuvo cargada de respeto y emoción, con el público acompañando en un ambiente de homenaje sincero.

En la recta final, el romanticismo tomó protagonismo. “Everything I Do (I Do It For You)” se convirtió en una escena casi cinematográfica cuando las pulseras del público se apagaron gradualmente hasta sumir el recinto en penumbra en el verso culminante. La respuesta fue un silencio expectante seguido de una ovación cerrada de los poco más de 10 mil asistentes reunidos.

“Summer of ’69” reafirmó su estatus de himno atemporal. Adams jugó con breves pausas que permitieron a los asistentes preparar sus teléfonos, conscientes de que estaban frente a uno de los momentos más esperados. La química con su inseparable guitarrista Keith Scott volvió a ser evidente, con el tradicional cruce de escenario y el intercambio de gestos cómplices. El cierre del set principal con “Cuts Like A Knife” dio paso a un regreso a la plataforma secundaria para la despedida definitiva. “Alberta Bound”, con guiños adaptados al público local, y “All For Love” sellaron una noche que combinó espectáculo y memoria. Bryan Adams, de 66 años, sigue en perfecto estado físico y con una voz súper cuidada en la que poco hay de diferencia respecto a sus temas de hace 40 años.

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