Héctor Castro Aranda | Luego de ausencia de dos años y medio en Guadalajara, Ricky Martin regresó a los escenarios de la ciudad, con una presentación que no solo cumplió expectativas, sino que reafirmó por qué sigue siendo considerado el “Rey del Pop Latino”. Su paso por el Estadio de Los Charros, fue una demostración contundente de energía, profesionalismo y conexión emocional con el público el 18 de marzo.

Tras confusiones y una logística que sobrepaso lo planeado, el concierto comenzó una hora más tarde, hasta que las más de 20 mil personas ya estaban en sus respectivos lugares. Desde el primer momento, el artista puertorriqueño dejó claro que el tiempo no ha mermado su capacidad escénica. A sus 54 años, apareció en el escenario acompañado de una banda de nueve músicos y siete bailarines, arrancando con “Pégate”, una pieza cargada de ritmo que encendió de inmediato, con una seguidilla de pirotecnia y grandes pantallas laterales en el enorme escenario que se montó.
El despliegue visual y coreográfico fue preciso, pero lo que realmente destacó fue la capacidad vocal de Martin, que se mantuvo sólida a lo largo de todo el show a pesar de las exigencias físicas. Su sonrisa constante y su dominio del escenario confirmaron que sigue siendo uno de los performers más completos de la industria. Uno de los grandes aciertos del show fue su equilibrio entre éxitos en inglés y español. Clásicos como “Livin’ La Vida Loca”, “She Bangs” y “Shake Your Bon Bon” convivieron con himnos latinos como “María”, “Vente Pa’ Ca” y “La Bomba”, logrando que cada sector del público encontrara su momento.
En una industria marcada por tendencias fugaces y éxitos inmediatos, Ricky Martin demostró que el talento, la disciplina y la conexión genuina con el público siguen siendo los pilares de una carrera duradera. El gran final sucedió con «La Copa de La Vida», que fue el tema oficial del Mundial FIFA Francia 1998, pegó en Guadalajara esa noche por que a menos de 90 días se celebrará el mundial en l ciudad.