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Escalofríos, tecnología y el futuro de los conciertos, es lo que trajo Soda Stereo a Guadalajara

Héctor Castro Aranda | Soda Stereo regresó a Guadalajara para presentar Ecos el 18 y 19 de abril en el Auditorio Telmex, en un show que combina archivos originales y tecnología de vanguardia para integrar la presencia de Gustavo Cerati y la ejecución en vivo de Zeta Bosio y Charly Alberti. Con entradas agotadas, la previa era una burla y memes sobre el espectáculo que disfrutarían los tapatíos: que si era un karaoke gigante, un concierto de covers, que mejor verlo en YouTube… pero esas críticas eran infundadas. Dentro del Telmex, la verdad fue otra.

La expectativa era alta y se cumplió. “Ecos” no fue un recital tradicional, sino una experiencia conceptual que buscó reconfigurar el vínculo entre memoria, tecnología y música en vivo. Pasadas las 21:00, las luces se apagaron y comenzó el espectáculo con “Ecos”, canción que da nombre al show y que marcó el tono conceptual de la propuesta. La apertura, sin discursos ni introducciones, apostó a lo sensorial: sonido, imagen y memoria como ejes de una experiencia inmersiva.

La puesta incluyó un despliegue visual cuidadosamente diseñado, con pantallas, efectos de profundidad y sincronización milimétrica entre los músicos en vivo y el material audiovisual. Desde el inicio, quedó claro que no se trataba de un homenaje convencional. El sonido fue apabullante; el bajo característico de Z, con sus duros acordes, nos hizo recordar aquel concierto de noviembre de 2007 en el Estadio 3 de Marzo, donde sonó con rudeza a alto volumen.

El elemento más disruptivo fue la recreación de Gustavo Cerati. Lejos de un holograma clásico, la producción utilizó imágenes y registros reales del músico, combinados con tecnología visual para integrarlo en escena junto a Bosio y Alberti. La voz y las guitarras corresponden a grabaciones originales, no a inteligencia artificial, que el cerebro registraba como real; pero, al cuestionar la tecnología, surgía un sentimiento escalofriante al ver a una persona que no existe en el plano terrenal frente a nosotros, como si aún estuviera con vida.

La primera aparición de Cerati ocurrió durante “Hombre al agua” y generó una de las reacciones más intensas de la noche. El público respondió con ovaciones que evidenciaron el impacto emocional de la propuesta. El repertorio incluyó 19 canciones que recorrieron distintas etapas de la banda, desde “Juegos de seducción” hasta “De música ligera”, pasando por clásicos como “En la ciudad de la furia”, “Prófugos” y “Primavera 0”. A lo largo del show, la narrativa estuvo atravesada por una tensión constante entre lo real y lo virtual. Mientras Bosio y Alberti ejecutaban en vivo con precisión, la figura de Cerati aparecía como un puente entre el pasado y el presente.

El espectáculo también propuso una experiencia distinta para el público: se pidió explícitamente evitar el uso de celulares para priorizar la conexión directa con el momento. La iniciativa buscó recuperar una lógica de recital más cercana a otras épocas, centrada en la vivencia y no en el registro. En ese sentido, la propuesta dialoga con una tendencia creciente en la industria musical global, donde algunos artistas promueven limitar el uso de dispositivos para reforzar la experiencia en vivo.

Desde lo técnico, “Ecos” evidenció un alto nivel de producción, aunque con decisiones estéticas que priorizaron la narrativa conceptual por sobre el impacto visual constante. La iluminación, el sonido y la sincronización fueron claves para sostener la ilusión escénica. La reacción del público fue favorable: los fanáticos de hueso colorado de Soda Stereo disfrutaron el performance, y quienes no tuvieron la oportunidad de ver a Cerati o a la banda en vivo vivieron la experiencia más cercana posible.

La propuesta no estuvo exenta de interrogantes. La utilización de tecnología para recrear a un artista fallecido abre debates sobre los límites entre homenaje, espectáculo y simulación. Sin embargo, el proyecto evitó plantearse como un reemplazo y se presentó como una nueva forma de experiencia. La propia familia de Cerati respaldó la iniciativa, destacando que el objetivo no era sustituir al artista, sino permitir que su obra continúe dialogando con nuevas generaciones.

En términos musicales, la solidez de Bosio y Alberti fue determinante. Su ejecución sostuvo el peso del show y permitió que la integración con el material de archivo resultara coherente. El cierre con “De música ligera” sintetizó el espíritu de la noche: miles de personas cantando al unísono, en una escena donde la ausencia se transformó en presencia colectiva. “Ecos” confirma que Soda Stereo sigue siendo un fenómeno vigente. Más allá del formato, la potencia de sus canciones y su impacto cultural permanecen intactos. El regreso no fue literal, pero sí simbólico. En un contexto donde la tecnología redefine los límites del espectáculo, Soda Stereo volvió a escena con una propuesta que interpela tanto a la memoria como al futuro. Ahora que está la “Jacksonmanía”, ¿podríamos disfrutar de un concierto de Michael Jackson con sus hermanos en el escenario y los músicos de la gira del Astro Pop? ¿Se podrá ver a Elvis, David Bowie o Prince en grandes estadios con producciones espectaculares? Soda Stereo ya arrojó la piedra.

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