María Teresa Cedillo Nolasco | Una nueva familia de lobo mexicano, compuesta por padre, madre y dos crías machos, fue trasladada de Estados Unidos a México el 25 de marzo para su reintroducción a la vida silvestre en el municipio de Santa Catarina de Tepehuanes, Durango, como parte del proyecto de recuperación de la especie, encabezado por el doctor Jorge Ignacio Servín Martínez, investigador del Departamento de El hombre y su Ambiente, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Esta es la segunda reubicación de ejemplares a territorio nacional en el año. La primera fue el pasado 13 de marzo, cuando llegaron al país cuatro ejemplares para ser liberados en la comunidad forestal de El Tarahumar y Bajíos del Tarahumar.

Este conjunto, como el anterior, explicó el doctor Servín Martínez, adscrito a la Unidad Xochimilco, tendrá las mismas medidas de cuidado. En su periodo de cuarentena son evaluados en términos de “la emisión y recepción de conductas de pareja y de grupo”, el reparto de alimento con base en sus jerarquías sociales, entre otros elementos, para determinar su dinámica colectiva y obtener información relevante sobre su probabilidad de sobrevivencia y permanencia en libertad.

Los especímenes son monitoreados por medio de collares satelitales, con el fin de dar seguimiento a su estado bajo las condiciones del sitio de introducción, precisó.
Una vez incorporados a su entorno natural, la conservación del género enfrenta el desafío de garantizar su estabilidad social reproductiva en la región; sin embargo, se espera generar, en un plazo de 15 años, una población silvestre creciente, capaz de extenderse a otras regiones del centro y sur de la Sierra Madre Occidental de Durango y al norte del Estado de Chihuahua.

Esta “es la primera ocasión que se trabaja en tierras comunales selváticas; la participación y apoyo de la población ha sido de gran importancia”, dijo el investigador, porque, este tipo de tenencia de la tierra cuenta con más extensión en comparación de los ranchos privados.
El Tarahumar y Bajíos del Tarahumar tiene una superficie superior a 73,000 hectáreas, de las cuales alrededor de 70 por ciento corresponde a terrenos de vocación arbolada, más la superficie de los ejidos vecinos.

Lo anterior posibilita el hábitat adecuado para mantener agrupaciones reproductivas de lobos y sus presas silvestres como venados, pecaríes, guajolotes silvestres, liebres, conejos y roedores.
La recuperación del cánido mexicano es el resultado de un esfuerzo binacional iniciado en la década de 1970. Gracias al apoyo de la Asamblea de El Tarahumar y Bajíos del Tarahumar, se ha logrado avanzar en su reinserción en parte de los ecosistemas de la entidad. Revista101.com

