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Entre uno y cinco millones de dólares cuesta preservar el césped mundialista  

Rodrigo Peredo Rangel | En la fotografía de Revista101.com Missael Espinoza con la camiseta del Club Deportivo Guadalajara, las Chivas, temporada 1993-1994. Enfrente, Benjamín Galindo con Santos Laguna | No solo implica reunir a las estrellas del balompié o garantizar el juego limpio en la cancha, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), en su labor de promoción deportiva, estandariza reglamentos, revisa la infraestructura de los recintos y presta especial atención a la calidad del césped donde se disputan los encuentros, sobre todo cuando se trata de una Copa del Mundo.

“Es lo que realmente determinará el desempeño de un partido: el bote del balón, la atracción del mismo y una cosa fundamental, la seguridad de los jugadores”, señaló el arquitecto y docente en la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), doctor Saúl Alcántara Onofre. “Son superficies naturales con alto rendimiento, reforzadas en un cinco por ciento con fibras de polipropileno para afianzar raíces y evitar que los tachones se anuden”.

Una cancha mundialista, refirió, necesita un terreno uniforme, resistente y capaz de soportar juegos consecutivos sin desgaste visible, debido a que cualquier irregularidad, por mínima que resulte, altera el desarrollo del enfrentamiento e incluso puede provocar lesiones. Entre las variedades más utilizadas en los campos de soccer aparecen gramíneas como Bermuda Grass, Rye Grass y Kentucky Blue Grass.

El Bermuda sobresale por su resistencia al calor, menor consumo de agua y pronta recuperación, razón por la cual suele usarse en México y el sur de Estados Unidos. El Rye Grass, aunque demanda mayor fertilización e hidratación, aporta durabilidad superior al desgaste en competencias continuas. A diferencia de la superficie artificial, el híbrido mantiene frescura, elasticidad y mejor respuesta del balón.

Alcántara Onofre indicó que los espacios destinados a certámenes como el Mundial incorporan sistemas de aireación subterránea, ventiladores, iluminación hortícola nocturna y vigilancia constante para impedir plagas o especies invasoras. “Si alguien de la banca o algún visitante pasó por alguna parte de la ciudad donde hay árboles con muérdago pueden contaminar la hierba en el recinto”.

Dentro de esas tareas de conservación se utilizan compostas, aminoácidos vegetales, humus de lombriz y fertilizantes orgánicos que ayudan a mantener la estabilidad del terreno. Dicho por el especialista, funcionan como auténticos laboratorios dentro de la arena.

El también maestro en Arquitectura del Paisaje por la Universidad de Génova añadió que la preservación anual de estas gramas, según la variedad, oscila entre uno y cinco millones de dólares. Esto vuelve inviable replicar condiciones similares en lugares públicos como parques o jardines.

En suma, los pastos empleados en campeonatos internacionales responden a otra parte de la normatividad de la Federación que exige tonalidades homogéneas para favorecer la visibilidad y los contrastes durante el torneo, tanto desde las tribunas como en las transmisiones televisivas, donde cualquier alteración en la cancha puede alterar la percepción del juego y afectar la experiencia de millones de espectadores.

Si bien estos criterios son aplicados con rigurosidad, no siempre se replican con la misma exigencia en torneos locales, donde las condiciones de mantenimiento, supervisión y recuperación del área de juego varían según cada recinto. Por ello, sedes como el Estadio Ciudad de México, el Estadio Guadalajara y el Estadio Monterrey, nombres que adoptarán durante el torneo por disposición de la FIFA, deberán sostener sus procesos para responder a parámetros internacionales. Con información de la UAM, Universidad Autónoma Metropolitana. Revista101.com

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