
Miguel Angel Rodríguez | Con un recorrido que atravesó distintas épocas de su trayectoria y un concierto de más de dos horas y media, Fobia inició en Guadalajara la gira con la que celebra cuatro décadas de historia dentro del rock mexicano. La presentación tuvo lugar en el Auditorio Telmex, recinto donde miles de asistentes acompañaron a la agrupación en una noche marcada por la nostalgia, los cambios de alineación y un repertorio que mezcló clásicos con canciones poco habituales en vivo.
Poco después de las nueve de la noche comenzó a escucharse el sampleo de “Veneno Vil”. Bajo una iluminación tenue aparecieron sobre el escenario Paco Huidobro, Leonardo de Lozanne, Iñaki, El Cha y Elohim Corona, quien debutó oficialmente como baterista de la banda en esta nueva etapa. Vestidos con trajes en tonos oscuros, los músicos ocuparon sus posiciones mientras el público reaccionaba de inmediato al reconocer los primeros acordes.
La explosión de “Veneno Vil” marcó el arranque de un concierto construido como una revisión de distintas etapas de Fobia. Detrás de la banda, una enorme pantalla proyectaba imágenes de volcanes, aves, visuales abstractos y el nombre del grupo, además de primeros planos de cada integrante. Sin pausas enlazaron “No Eres Yo” y “Plástico”, provocando las primeras ovaciones de la noche. Leonardo de Lozanne apenas alcanzó a agradecer antes de continuar con “Pesadilla”, tema perteneciente a la etapa de Destruye Hogares, uno de los discos que consolidaron el sonido alternativo de la agrupación en la década de los noventa.
La elección de Guadalajara como punto de partida no fue casual. Durante el concierto, Leonardo recordó que la ciudad formó parte de los primeros lugares fuera de la capital donde Fobia encontró seguidores constantes. El cantante explicó que tanto Guadalajara como Monterrey fueron fundamentales para el crecimiento inicial de la banda en una época en la que el rock mexicano comenzaba a abrirse espacio en los escenarios masivos y en la industria discográfica nacional.
Formada a finales de los años ochenta en la Ciudad de México, Fobia apareció en un momento decisivo para el rock en español. Junto a otras agrupaciones de aquella generación, el grupo ayudó a construir una escena que comenzó a consolidarse tras años de limitaciones para el género en el país. Con discos como Fobia, Mundo Feliz, Leche y Destruye Hogares, la banda desarrolló un estilo que mezcló guitarras distorsionadas, elementos alternativos, humor, letras surrealistas y una estética visual que terminó convirtiéndose en una de sus principales características.
En Guadalajara, esa historia fue repasada a través de canciones que abarcaron distintas décadas de carrera. “Dios Bendiga a los Gusanos” apareció en medio de algunos problemas técnicos con la guitarra de Leonardo de Lozanne, aunque el momento quedó atrás rápidamente cuando anunciaron “La Iguana”, tema que no interpretaban desde hace tiempo y que fue recibido con entusiasmo por el público.
El concierto continuó con “Caminitos hacia el cosmos”, “Dinosaurios”, “Corazón de caracol” y “No soy buen perdedor”, mientras un juego de luces cenitales acompañaba cada transición musical. La producción visual mantuvo una atmósfera envolvente durante toda la noche, alternando colores sobrios y secuencias psicodélicas que reforzaban el carácter teatral de varias canciones.
Uno de los aspectos más comentados de esta nueva etapa fue la incorporación de Elohim Corona en la batería. El músico se convirtió en el quinto baterista en la historia de Fobia, después de Gabriel Kuri, Jorge “Chiquis” Amaro, Jay de la Cueva y Mauricio Clavería. Desde los primeros temas mostró una presencia energética y dinámica, contrastando con la sobriedad habitual de la banda. Sonriente durante gran parte del concierto, moviendo constantemente el cuerpo mientras tocaba y agregando variaciones rítmicas poco comunes en algunos arreglos, Elohim imprimió una personalidad distinta a canciones como “Descontrol”, donde utilizó doble bombo durante el cierre instrumental, recurso que provocó una de las reacciones más efusivas de la noche.
El repertorio también dio espacio a canciones menos frecuentes dentro de sus conciertos recientes, entre ellas “Miel del escorpión”, “Vampiros”, “Regrésame a Júpiter”, “Sacúdeme”, “Fiebre”, “El Crucifijo” y “Pudriendo”. La selección permitió recorrer distintas facetas del grupo, desde su etapa más experimental hasta algunos de los momentos más oscuros y agresivos de su discografía.
Mientras la energía de Elohim Corona y la respuesta del público dominaban el escenario, Paco Huidobro mantuvo la presencia discreta y contenida que durante años se ha convertido en una de las marcas visuales de Fobia. Concentrado en la guitarra y atento a cada transición, el músico condujo silenciosamente gran parte del concierto desde un costado del escenario.
La parte final de la presentación transformó el recinto en una celebración colectiva. “2 Corazones”, “Más caliente que el sol” e “Hipnotízame” provocaron que cientos de celulares iluminaran el auditorio mientras las voces del público terminaban por cubrir varios fragmentos de las canciones. Después de 31 temas y cerca de dos horas y media de concierto, Fobia cerró la noche con “Microbito”, canción con la que décadas atrás comenzó la historia de una de las bandas más representativas del rock mexicano contemporáneo.