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Del celuloide gigante a las superproducciones: por qué IMAX de 70 mm sigue siendo el formato más exclusivo del cine

En una industria cinematográfica dominada cada vez más por las herramientas digitales, el formato IMAX de 70 mm continúa ocupando un lugar privilegiado dentro de las producciones más ambiciosas del mundo. Su capacidad para ofrecer imágenes de una nitidez extraordinaria, una escala visual monumental y una experiencia inmersiva difícil de igualar lo ha convertido en el estándar de referencia para algunos de los cineastas más reconocidos de la actualidad.

Sin embargo, detrás de la espectacularidad que perciben los espectadores en la pantalla existe una realidad poco conocida: filmar en IMAX de 70 mm representa uno de los procesos más complejos y costosos de toda la industria cinematográfica. La historia de esta tecnología se remonta a finales de la década de 1960, cuando un grupo de realizadores canadienses desarrolló un innovador sistema de proyección capaz de superar ampliamente las limitaciones técnicas de los formatos tradicionales. En 1971, el documental North of Superior se convirtió en la primera producción realizada completamente bajo este sistema, marcando el inicio de una nueva etapa para la exhibición cinematográfica.

Durante gran parte de su existencia, IMAX permaneció asociado principalmente a documentales científicos, producciones educativas y películas enfocadas en la naturaleza. La razón era evidente: los costos operativos y técnicos resultaban prohibitivos para la mayoría de las producciones comerciales.

A diferencia del cine convencional, el sistema utiliza película de gran formato de 65 milímetros que se desplaza horizontalmente a través de la cámara. Cada fotograma ocupa quince perforaciones, una cantidad significativamente superior a la utilizada por otros formatos cinematográficos. Esta característica permite capturar una cantidad extraordinaria de información visual, generando imágenes de enorme definición y profundidad. No obstante, esa calidad tiene un precio elevado. De acuerdo con una investigación realizada por Spoiler.mx, una sola cámara IMAX puede alcanzar valores que oscilan entre los 500 mil y el millón de dólares. A ello se suman costos de alquiler que pueden ubicarse entre los 12 mil y los 20 mil dólares semanales, además del precio del material fotosensible y su posterior procesamiento.

El consumo de película también representa uno de los principales desafíos financieros. Cada pie de negativo puede costar entre 2.40 y 4 dólares, una cifra que se multiplica rápidamente en producciones de gran escala donde se registran miles de horas de material. En este contexto, la próxima llegada de La Odisea, dirigida por Christopher Nolan, ha vuelto a colocar al formato en el centro de la conversación cinematográfica internacional. La producción se convertirá en el primer largometraje de ficción filmado íntegramente con cámaras IMAX de 70 mm, una decisión que implicó importantes avances tecnológicos y una compleja logística de rodaje desarrollada en múltiples locaciones alrededor del mundo.

Diversos reportes especializados señalan que la película contó con un presupuesto cercano a los 250 millones de dólares. Parte importante de esa inversión estuvo relacionada con la utilización de más de dos millones de pies de película, un volumen de material que por sí solo representó varios millones de dólares en costos de producción. Para lograrlo, el equipo encabezado por Nolan trabajó con nuevas generaciones de cámaras IMAX desarrolladas específicamente para reducir el ruido mecánico que históricamente había limitado su uso en escenas de diálogo. Estas innovaciones permitieron ampliar las posibilidades narrativas del formato sin sacrificar la calidad visual que lo distingue.

A pesar de su prestigio, la mayoría de las grandes producciones contemporáneas opta por estrategias menos costosas. Muchas películas utilizan cámaras IMAX únicamente para secuencias seleccionadas, combinando posteriormente el material con sistemas digitales de alta resolución. Incluso algunas de las futuras superproducciones más esperadas recurrirán a procesos híbridos, proyectándose en salas IMAX sin haber sido capturadas completamente en película de gran formato.

Esta diferencia resulta fundamental para los especialistas y entusiastas del cine, ya que una copia proyectada en IMAX no necesariamente significa que la película haya sido filmada con cámaras IMAX de 70 mm. La captura nativa en este formato continúa siendo una práctica reservada para un número muy reducido de realizadores y estudios dispuestos a asumir los elevados costos que implica. Más de cinco décadas después de su creación, IMAX sigue representando una combinación única entre innovación tecnológica y tradición cinematográfica. Mientras el cine digital domina la producción global, el gran formato fotoquímico mantiene su vigencia como una herramienta capaz de ofrecer algunas de las imágenes más impactantes que pueden verse en una sala de cine.

 

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