
Miguel Angel Rodríguez | Después de siete años de espera, The Neighbourhood volvió a presentarse en Guadalajara con un concierto que dejó claro por qué la banda sigue siendo una de las propuestas más influyentes del rock alternativo y el indie contemporáneo. Como parte de su esperada Wourld Tour, el grupo encabezado por Jesse Rutherford llegó al Auditorio Telmex para reencontrarse con una generación de seguidores que durante años había esperado la oportunidad de escuchar en vivo las canciones que marcaron distintas etapas de su trayectoria.
La visita tiene un significado especial para el público tapatío. Aunque la agrupación había pasado por el país en 2019 como parte del Festival Coordenada,, nunca había realizado una gira propia de esta magnitud, siendo su primer recital para ellos solos. La deuda quedó saldada con una producción diseñada para recorrer los momentos más representativos de una carrera que abarca cinco álbumes y una colección de sencillos que se han convertido en referentes para millones de oyentes alrededor del mundo.
Cuando las luces se apagaron y una densa capa de humo cubrió el escenario, el recinto respondió con una ovación que evidenciaba la expectativa acumulada durante años. La banda eligió “Hula Girl”, uno de los temas más destacados de su material reciente, para iniciar una noche que rápidamente elevó la intensidad emocional del público. Jesse Rutherford apareció con su característico estilo relajado y una energía que se mantendría constante durante todo el concierto, desplazándose de un extremo al otro del escenario mientras interactuaba con los asistentes.
La primera parte del espectáculo estuvo marcada por una sucesión de canciones que hicieron reaccionar inmediatamente a la audiencia. Temas como “Void” y “Cry Baby” provocaron que gran parte del público abandonara sus asientos para cantar y bailar, transformando el recinto en una celebración colectiva. A medida que avanzaba el repertorio, la conexión entre la banda y los asistentes se hacía más evidente, especialmente durante “R.I.P. 2 My Youth”, cuando Rutherford invitó a iluminar el recinto con teléfonos y luces, creando una imagen que convirtió la arena en un paisaje de estrellas improvisadas.
Uno de los momentos más celebrados llegó con “Afraid”, canción perteneciente a su álbum debut I Love You., considerado por muchos seguidores como una de las obras más importantes de la banda. Desde los primeros acordes, miles de voces se unieron para interpretar cada línea del tema, demostrando la permanencia que conserva dentro del catálogo del grupo. Sin apenas pausa, la banda enlazó con “You Get Me So High”, manteniendo la energía en uno de los puntos más altos de la noche.
La producción visual acompañó cada momento con precisión. Sin recurrir a grandes estructuras escénicas o montajes excesivos, The Neighbourhood apostó por una propuesta minimalista en la que la música y las interpretaciones ocuparon el centro de la experiencia. Las pantallas alternaban imágenes en directo, secuencias pregrabadas y gráficos diseñados específicamente para determinadas canciones, aportando profundidad visual sin distraer de la actuación principal.
Entre los momentos más llamativos destacó la interpretación de “Devil’s Advocate”, acompañada por una realización audiovisual dinámica que combinó movimientos de cámara frenéticos y efectos visuales de inspiración psicodélica. El resultado fue una de las secuencias más memorables del concierto, reforzando la intensidad de una canción que ya de por sí se ha convertido en una favorita dentro de las presentaciones en vivo del grupo.
Lejos de limitarse a encadenar éxitos, la banda estructuró el espectáculo con una narrativa clara. Después de una primera mitad cargada de energía, llegó una sección dedicada a las composiciones más introspectivas y emotivas de su repertorio. La decisión permitió que canciones como “Daddy Issues”, “The Beach” y “Private” encontraran el espacio adecuado para desarrollarse plenamente. En lugar de alternar constantemente entre momentos explosivos y pasajes más tranquilos, la agrupación construyó un bloque coherente que permitió al público sumergirse en la atmósfera melancólica que caracteriza buena parte de su identidad artística.
La respuesta del público confirmó la vigencia de estas composiciones. Cada una fue recibida con coros multitudinarios y una atención casi absoluta por parte de los asistentes, quienes acompañaron cada verso con la misma intensidad que los grandes éxitos de la primera parte del concierto. Fue un recordatorio de que el éxito de The Neighbourhood no se sostiene únicamente en sencillos virales, sino también en una capacidad notable para construir canciones que mantienen una conexión emocional duradera con sus seguidores.
El tramo final elevó nuevamente la intensidad hasta alcanzar uno de los momentos culminantes de la noche. “Sweater Weather”, la canción que convirtió a la banda en un fenómeno internacional, provocó una reacción inmediata desde los primeros acordes. El recinto completo se convirtió en un gigantesco coro, generando una de las escenas más impresionantes de toda la presentación. Sin embargo, el grupo optó por cerrar con “Softcore”, una decisión que sorprendió a algunos asistentes pero que terminó funcionando gracias al enorme vínculo que la canción mantiene con la audiencia actual de la banda.