
Héctor Castro Aranda | David Byrne comenzó a reinventar la manera de hacer conciertos hace mucho tiempo, durante los días de Stop Making Sense con los Talking Heads. Sin embargo, realmente llevó las cosas a un terreno revolucionario con la gira de 2018, cuando replanteó la manera en que los músicos podían ser vistos y comportarse sobre un escenario. Los músicos se movían prácticamente como gallinas libres, sin estar sujetos a cables, tecnología visible o cualquier otro elemento, salvo a una brillante coreografía, espectáculo que se pudo disfrutar en la ciudad en la primera edición del Festival Corona Guadalajara en Calle 2.
Esa producción se llamó, American Utopia era un espectáculo monocromático, con trajes grises y cortinas de cuentas estáticas, una manera bastante efectiva de enmarcar a los músicos. Who Is the Sky? lleva aquella idea hasta un espectacular terreno de Technicolor. La producción utiliza desde elaboradas pantallas LED y superficies luminosas hasta tenis que brillan en la oscuridad para construir una sensación expansiva de “moverse en todas direcciones”, como dice la canción “And She Was”. Espectáculo que presentó el 8 de septiembre en el Auditorio Telmex. Todo esto se combina con las ocasionales pausas en las que el maestro de ceremonias se detiene para ofrecer una especie de charla TED.
Rodeado por un amplio ensamble vestido con trajes azules a juego, bailarines que cantan, percusionistas que bailan, guitarristas que también hacen vibrar un violín, Byrne continúa con una obsesión que ha acompañado toda su carrera: borrar la frontera entre un espectáculo en vivo y una pieza de arte teatral. En la parte posterior del escenario, una serie de enormes pantallas cóncavas se convierte en una fuente constante de asombro. Durante “Strange Overtones”, el sol se pone sobre un paisaje urbano presentado con una profundidad de campo impresionante, con los detalles apareciendo a la distancia. Mientras tanto, un Byrne que salta al ritmo de la música, iluminado en azul sobre un fondo naranja saturado durante “Once in a Lifetime”, aporta una emocionante descarga de energía punk dentro de un espectáculo meticulosamente planeado.
y polirritmos, desde “Slippery People” de Talking Heads hasta “What Is the Reason for It?”, un tema impulsado por metales perteneciente a su reciente álbum Who Is the Sky?, existe una sensación de movimiento perpetuo mientras los cuerpos se desplazan de un extremo al otro del escenario. Byrne es uno de ellos. Tiene que llegar a sus posiciones y cumplir con sus movimientos exactamente igual que todos los demás, y ese espíritu igualitario resulta fundamental para transmitir su mensaje de determinación colectiva. Byrne de casi 75 años con una envidiable condición física, interpretando tema tras tema. Byrne, compartió momentos fotográficos de su reciente visita en Ciudad de México, así como nos presentó imágenes de su apartamento en Ciudad de Nueva York, donde describe que se siente un hombre afortunado.
A lo largo de una interpretación terriblemente apropiada de “Life During Wartime”, imágenes de operativos de ICE se filtran en la arena, mientras el aislamiento provocado por la pandemia aparece como un tema recurrente. Es hermoso ver cómo el público abandona sus asientos, primero lentamente y después todos al mismo tiempo, impulsado por los acordes de guitarra de “This Must Be the Place”. Sus voces convierten algo ágil y delicado en un canto colectivo. Poco más de 3,500 espectadores crecieron sus emociones al máximo al escuchar en vivo los clásicos más recalcitrantes de los Talking Heads, «Psycho Killer», «This ain’t no party, this ain’t no disco», y «Burning Down the House». En cuanto a su posible vida eterna, si Brady Corbet consigue trasladar a una pantalla de 70 mm siquiera el 60% de lo que este espectáculo se sintió, además de lo que se veía y escuchaba, podría ser suficiente.