
Miguel Rodríguez, texto y fotografía | Karen O, Nick Zinner y Brian Chase regresaron al corazón de la capital mexicana para ofrecer un espectáculo profundamente introspectivo y lleno de energía emocional en el Teatro Metropólitan, como parte de su gira “Cool It Down”, una serie de conciertos que marcan el retorno discográfico de la banda tras una pausa de más de una década. Revista101.com, estando presente e 30 de julio, el primero de tres conciertos.

A diferencia de sus anteriores presentaciones en México, caracterizadas por el frenesí desbordado del rock en su estado más visceral, esta vez los Yeah Yeah Yeahs optaron por un formato más pausado y matizado, donde la emotividad, la textura sonora y la nostalgia cobraron protagonismo. Desde el primer instante quedó claro que el espíritu del show apuntaba más hacia el recogimiento que a la explosión: una versión de “In Heaven (Lady in the Radiator Song)”, de Eraserhead, sirvió como prólogo al arranque con “Blacktop”, abriendo un universo de sutilezas que se alejan del caos juvenil pero no del desgarro emocional.


Con una escenografía sobria dominada por una cortina violeta, Karen O apareció envuelta en una prenda dorada, contrastando con unas botas fucsias que rompían la sobriedad de sus compañeros vestidos de negro. La banda presumió su nuevo álbum Cool It Down, pero sin dejar de lado los temas que los convirtieron en íconos del indie rock del nuevo milenio. El público, paciente pero expectante, se mantuvo en las butacas hasta que el ritmo más conocido de “Mystery Girl” provocó el primer gran estallido colectivo.

El concierto fue un vaivén emocional cuidadosamente diseñado. Si bien el frenesí se asomó en ciertos momentos, la banda eligió moverse con calma a través de un repertorio que incluía arreglos de violines, piano de cola, sintetizadores y guitarras acústicas. Nick Zinner fue el maestro de ceremonias en ese paisaje sonoro, transitando con soltura entre guitarras eléctricas y acústicas, mientras la voz de Karen O se mantenía al frente, vulnerable y firme al mismo tiempo.

Entre tema y tema, aparecieron canciones como “Cheated Hearts”, “Isis” y “Warrior”, que fueron recibidas con ovaciones discretas pero intensas por parte de los fans más atentos, esos que reconocen los puentes y las capas sonoras como tesoros ocultos entre la distorsión. El momento de mayor intensidad emocional llegó con “Skeletons”, donde Karen O introdujo al resto de la banda antes de dar paso al bloque final del show. Una inesperada pero celebrada versión de “Hyper-ballad”, original de Björk, marcó el inicio del desenlace con tres joyas imbatibles: “Turn Into”, que hizo que el público brindara cerveza en alto; “Maps”, coreada con la voz quebrada por muchos asistentes; y la imprescindible “Y Control”, donde la distorsión se mantuvo a raya, dejando espacio a la melodía para herir con elegancia.


El encore fue tanto espectáculo como despedida simbólica. Con “Zero” resonando y globos en forma de ojos rebotando entre los asientos, el grupo cerró la primera de tres fechas pactadas con la Ciudad de México en un ambiente cargado de memorias. La conexión entre banda y público fue palpable, conmovida y nostálgica, como si ambos lados del escenario recordaran los inicios de todo esto.

Atrás quedaron aquellos años en los que los Yeah Yeah Yeahs llegaron tímidamente a México, cuando una Karen O casi se escondía bajo la mesa en una rueda de prensa improvisada en Chapultepec, o cuando Nick Zinner fue visto en un bar oscuro del Eje Central rodeado de cascos de caguama mientras Los Monjo hacían temblar el suelo. Hoy, dos décadas después del lanzamiento de Fever to Tell, la banda sigue proyectando la misma fuerza e identidad artística, aunque con nuevas formas de mostrar su intimidad.

