Hay historias que no se escriben en los libros, sino en la piel de quienes las vivieron y cuando el mundo se prepara para el Mundial FIFA 2026, Guanajuato Capital vuelve a sentir ese emocionante recuerdo, cuando el Brasil de Pelé convirtió a la ciudad en su hogar.
Era mayo de 1970 y México entero ardía en fiebre mundialista. En Guanajuato, el sentimiento tenía un nombre: Edson Arantes do Nascimento, Pelé, el mejor jugador del planeta.

Todo comenzó con una intuición. Óscar Urquiza Aguilar, promotor deportivo visionario, supo que Brasil necesitaba un lugar para aclimatarse a la altura de Ciudad de México. Y propuso lo impensable: Guanajuato Capital. La selección “verde – amarela” aceptó. Y durante 21 días, la ciudad se convirtió en el refugio del equipo que maravillaría al mundo.


Los jugadores se hospedaron en el Hotel Parador San Javier, donde cada mañana Pelé bajaba con su sonrisa tímida y su guitarra al hombro. Desde ahí partían hacia la majestuosa Sierra de Santa Rosa, donde ascendían para entrenar fuerza.
Para los guanajuatenses, aquellos días fueron irreales. Pelé firmaba autógrafos, conversaba con niños, reía con los comerciantes, saludaba a quien se acercara.

En el campo Nieto Piña de la Universidad de Guanajuato, hoy rebautizado como Campo Pelé, los entrenamientos se convertían en una fiesta. Familias enteras subían a verlos correr, tocar el balón, preparar la magia que después deslumbraría en el Estadio Azteca.
Aún se cuentan historias: Pelé tocando la guitarra en el hotel, Rivelino bromeando con los jóvenes, Zagallo observando el horizonte como si pudiera leer el futuro. Eran días simples, pero profundamente felices.
El Brasil de 1970 no solo ganó un Mundial. Regaló a Guanajuato una historia que se cuenta con orgullo, con brillo en los ojos, con la certeza de haber sido testigo de algo irrepetible.
Hoy, rumbo al Mundial 2026, la ciudad revive ese recuerdo. La emoción vuelve a sentirse en el aire. Revista101.com

