
Héctor Castro Aranda | Hay artistas que llevan la música de su país al extranjero y otros que consiguen convertirla en un lenguaje compartido. Alberto Barros pertenece a la segunda categoría. Trombonista, compositor, arreglista, productor y director de orquesta, el músico barranquillero ha dedicado buena parte de su trayectoria a mantener vigente la cumbia y la salsa colombiana, llevándolas mucho más allá de sus fronteras y encontrando en México uno de los públicos más importantes de su carrera.
Su historia comenzó en Barranquilla, donde nació el 30 de noviembre de 1957, en el seno de una familia profundamente ligada a la música. Su padre, el reconocido compositor José Barros, fue una influencia determinante para que desde temprana edad desarrollara una relación cercana con los sonidos tradicionales de Colombia.A los 14 años comenzó sus estudios en el Conservatorio de la Universidad del Atlántico y poco después inició su camino profesional con agrupaciones como la orquesta de Pacho Galán y Los Mayorales de Adolfo Echeverría. Su talento como trombonista y arreglista pronto llamó la atención de figuras fundamentales de la música tropical colombiana.

El siguiente paso lo llevó a Medellín, donde Julio Ernesto Estrada, Fruko, lo incorporó a sus Tesos. También participó en proyectos como Los Líderes, Los Latin Brothers y La Verdad de Joe Arroyo. Posteriormente, en Bogotá, trabajó con Los Rivales y con la orquesta del pianista Joe Madrid. Pero sería en 1982 cuando Barros daría uno de los pasos fundamentales de su trayectoria: la creación de Los Titanes. Al frente de aquella agrupación construyó una propuesta que rápidamente encontró eco entre los seguidores de la salsa colombiana y dejó canciones que terminarían convirtiéndose en referentes, entre ellas “Sobredosis de amor”, “La palomita”, “En trance”, “Compárame”, “Por retenerte”, “El mar” y “Levanta el cuero”.

La experiencia acumulada durante esos años también lo llevó a formar parte del Grupo Niche, donde permaneció durante 14 años como director musical y arreglista. Desde esa posición contribuyó a una de las etapas más importantes de una agrupación fundamental para entender la evolución de la salsa colombiana. Después de consolidar una extensa carrera dentro de diferentes orquestas, Alberto Barros decidió establecerse en Miami. En 2006 inició una nueva etapa como solista con el lanzamiento de El Titán de la Salsa, nombre que terminaría convirtiéndose en la identidad con la que millones de seguidores lo reconocen. A partir de entonces comenzó una labor que sería determinante para su proyección internacional: recuperar, reinterpretar y presentar a nuevas generaciones algunas de las grandes composiciones de la música colombiana. Entre ellas estuvieron varias obras de su propio padre, José Barros, pero también clásicos pertenecientes al amplio repertorio de la salsa y la cumbia del país.

El resultado fueron sus exitosas series Tributo a la Salsa Colombiana y Tributo a la Cumbia Colombiana, producciones con las que Barros consiguió llevar canciones conocidas a nuevos públicos y, al mismo tiempo, reafirmar el valor de un repertorio que forma parte de la identidad musical de Colombia. La dimensión internacional de su trabajo se refleja también en sus siete nominaciones al Grammy Latino, tanto por sus trabajos como solista como por su labor de producción. Sin embargo, una de las medidas más claras de su popularidad se encuentra lejos de Colombia.

México se convirtió en uno de los territorios donde la propuesta de Alberto Barros encontró una respuesta especialmente fuerte. Su música ha conseguido establecer una relación directa con el público mexicano, que ha hecho de sus conciertos auténticas celebraciones de la salsa y la cumbia colombiana. Previó a su presentación en el Auditorio Nacional de Ciudad de México, Alberto Barros llegó a Guadalajara el cuatro de septiembre en el Teatro Diana, donde consiguió reunir a poco más de 1800 personas, cerca del 80 por ciento del inmueble. Con un ensamble magistral de vientos, percusiones y coristas, hicieron sonar el Diana con brutalidad sonora. Barros de 68 años, con una energía y físico envidiable, necesario para soportar la jornada de bailar, tocar el trombón y cantar.

El repertorio incluye temas como “Usted”, “Que nadie sepa mi sufrir” y “Tus maletas están en la puerta”, mostrando nuevamente la capacidad del músico para tomar canciones reconocibles y trasladarlas hacia el universo sonoro que ha construido durante décadas. A lo largo de más de medio siglo de trayectoria, Alberto Barros ha transitado por prácticamente todas las posiciones dentro de una orquesta: intérprete, arreglista, director, compositor y productor. Esa experiencia le permitió entender la música tropical colombiana desde diferentes ángulos y posteriormente convertir ese conocimiento en una propuesta propia.

