
Héctor Castro Aranda | Lo que comenzó como una necesidad personal para transportar objetos con mayor comodidad mientras recorría la ciudad en bicicleta, terminó convirtiéndose en una marca con identidad propia dentro del diseño independiente mexicano. Desde sus primeras cangureras hasta una línea que hoy incluye más de 25 productos distintos, Kitendi, marca tapatía, ha construido una filosofía basada en la funcionalidad, la movilidad y la mejora constante. En entrevista, su fundador, Cheech Preciado a Revista101.com, comparte cómo nació el proyecto, la evolución de la marca desde 2016 y la visión que mantiene vigente después de casi una década de desarrollo.
—¿Cuál fue la necesidad que te motivó a crear Kitendi?
—Bueno, toda la vida fui una persona que trabajó con las manos y a la que siempre le gustó hacer cosas. Eso me llevó a estudiar Diseño Industrial. Según yo, iba a dedicarme a fabricar muebles, pero la vida me llevó hacia el mundo de las mochilas. Desde temprana edad me interesó este tema y, después de 25 años de experiencia, decidí dedicarme de lleno a este mundo. Después de haber adquirido experiencia con diferentes marcas y estilos, decidí que ya era momento de hacer algo propio, algo sobre lo que tuviera la decisión completa en cuanto a formas, materiales y desarrollo. Básicamente fue eso.

—¿De qué año estamos hablando?
—Estamos hablando de 2016. La marca ya tenía algunos años de existir, probablemente unos ocho años más, pero noviembre de 2016 fue cuando realmente me comprometí al cien por ciento con el proyecto. En ese momento trabajaba en oficinas y en muchas otras cosas, hasta que decidí que era tiempo de crear algo propio. El detonante fue el lanzamiento del primer producto, que técnicamente es el Kengur, el modelo que todavía sigue siendo uno de los más representativos de la marca.

—¿Qué fue lo que te llevó a desarrollar el primer producto?
—Principalmente la practicidad y la manera en que se desarrolla el producto, ya que está hecho a partir de una sola pieza. En ese momento buscaba solucionar una necesidad de mi propia vida y decidí compartir la solución con los demás. Era un producto pensado para llevar las cosas del día a día sin necesidad de cargar una mochila. En aquel tiempo yo era ciclista y me trasladaba al trabajo en bicicleta. Llegaba con la espalda sudada y los bolsillos llenos de objetos, algo bastante incómodo. Entonces decidí replantear el concepto de la cangurera. Nadie me creía y, curiosamente, unos seis meses después todo el mundo comenzó a usar cangureras. Eso fue hace casi diez años.
—¿Entonces fue una necesidad personal que después decidiste compartir?
—Exactamente. Yo pienso que el diseño siempre tiene esa batalla entre forma y función. En aquel momento me incliné completamente hacia la función. Trabajaba en el mundo de las herramientas y los portaherramientas, donde todo gira alrededor de la funcionalidad. Ya tenía todas esas herramientas de conocimiento; después vino la parte estética, el estilo y convertirlo en un objeto que incluso pudiera sentirse coleccionable. Con el tiempo fui desarrollando más colores, estilos y materiales. Aproximadamente un año después empecé a diversificar y hoy tengo entre 25 y 30 productos diferentes. Hago pruebas constantes, los pongo en el mercado y voy evaluando los resultados, porque al final mi objetivo es encontrar nuevas maneras para que las personas transporten sus cosas de forma cómoda.

—¿Todo gira alrededor de la practicidad y de que sea visualmente atractivo?
—Exactamente. Mi diseño se basa en la practicidad, la movilidad y en permitir que las personas tengan las manos libres. Al final, el objetivo es transportar cosas de un punto A a un punto B de la mejor manera posible.
¿Actualmente ya cuentas con productos de mayor capacidad de carga?
—Sí. Tengo una visión bastante ingenieril en algunos aspectos. Hoy contamos con modelos que sirven para viajes cortos, viajes medianos o simplemente para llevar llaves, cartera y celular de la manera más cómoda posible. Tenemos varias opciones para ese público. Desde que eliminamos de la ecuación el zapato formal en muchas oficinas, todo se volvió más flexible. Ahora las personas pueden expresarse de maneras diferentes. Podemos ofrecer alternativas para que alguien lleve desde una laptop hasta su comida sin ningún problema y sin sacrificar comodidad o estilo.

—¿Si alguien busca un color o material específico que no tienes disponible, ¿puedes hacer pedidos especiales?
—Aquí vuelve a entrar la relación entre forma y función. A veces alguien me pide una bolsa utilizando una tela que vio en otro producto más delicado, pero mi responsabilidad es decirle cuándo eso no va a funcionar. Porque rompería toda la filosofía del diseño. Después de tantos años ya puedo saber qué cosas funcionan y cuáles no. Hay ocasiones en que sí logramos desarrollar algo diferente y sorprendernos, pero actualmente ya no realizo diseños completamente personalizados. Esa etapa quedó atrás.

—¿Kitendi funcionan por temporadas?
—Sí. Trabajamos aproximadamente dos lanzamientos al año. Cada diseño suele producirse en series de entre 60 y 120 piezas. Mientras una colección está en circulación, yo ya estoy desarrollando la siguiente. De hecho, con la remodelación del espacio, Kitendi Showroom, estamos lanzando tres productos nuevos de manera paulatina durante esta semana.

—¿Cuándo un producto tiene éxito lo vuelves a fabricar o se convierte en una pieza de colección?
—En esta búsqueda constante de perfeccionar las cosas, siempre estoy desarrollando una nueva versión. Cuando termino una producción ya sé qué mejoras puedo hacerle. Si el producto tiene mucha demanda puedo lanzar una revisión, pero en general intento que todo sea lo más exclusivo posible.

—Como coleccionista de música, ¿tienes algún producto pensado para vinilos?
—Precisamente. Tenemos la Rekord, una bolsa diseñada para transportar vinilos. Actualmente estamos cerrando el ciclo de la Rekord 1 y ya viene la Rekord 2. También estamos trabajando en una versión para discos de 7 pulgadas, así que seguimos desarrollando ideas para los amantes del formato físico.
—¿Cuándo abrió la tienda?
—La tienda abrió en agosto de 2022. Ya cumplimos cuatro años con la tienda y casi diez años con la marca.

—¿Qué viene para el futuro?
—Por ahora vamos a enfocarnos en los nuevos modelos que estamos lanzando. Tal vez haya algunas sorpresas para primavera-verano, pero las presentaremos más adelante. Actualmente estamos disfrutando esta nueva etapa de la tienda, que ahora funciona más como una oficina-taller. Aquí la gente puede venir a conocer los productos mientras yo sigo desarrollando nuevas ideas y conceptos.También contamos con envíos a través de nuestra tienda en línea, quitendi.mx, donde pueden encontrar todos los productos disponibles. Y para quienes estén en la Zona Metropolitana de Guadalajara, también podemos coordinar envíos mediante mensaje directo.
Kitendi. Garibaldi 1420. Nuestro horario es de miércoles a viernes de 2:00 a 6:00 de la tarde y los sábados de 11:00 de la mañana a 3:00 de la tarde.

