
Aldo Andrino | El Teatro Diana de Guadalajara cambió por completo su dinámica habitual el pasado 17 de septiembre. Durante casi dos horas, las butacas dejaron de ser únicamente el lugar desde donde se observa un espectáculo para convertirse en parte de una presentación en la que el público brincó, cantó, levantó las manos y acompañó cada verso de Nach, uno de los nombres más reconocidos del rap en español.
La presentación tuvo como uno de sus principales atractivos la posibilidad de recorrer distintas etapas de la trayectoria del rapero. Nach comenzó la noche echando mano de algunos de sus clásicos, canciones que con el paso de los años se han convertido en referencias para distintas generaciones dentro del hip hop y que, en Guadalajara, fueron recibidas de inmediato por un público que conocía cada una de sus letras.

Desde los primeros temas quedó claro que la relación entre el artista y los asistentes no se limitaría a la que normalmente existe entre un escenario y una audiencia. Cada canción encontraba respuesta desde las butacas y, conforme avanzaba el concierto, el Teatro Diana fue adquiriendo otra dimensión. Los versos eran acompañados por cientos de voces, mientras los saltos y las manos levantadas se convertían en parte constante de la escena.

Nach también llevó la presentación hacia un terreno más emocional. Después de los primeros clásicos, el repertorio comenzó a recorrer canciones con una carga distinta, mostrando otra faceta de una trayectoria construida alrededor de la palabra, las experiencias y las emociones. El cambio de tono no significó una disminución en la respuesta del público; por el contrario, cada tema parecía conectar con un recuerdo particular entre quienes habían seguido su música a lo largo de los años. La noche continuó creciendo hasta llegar a algunas de las canciones más esperadas por los asistentes. “One Love” fue uno de los momentos en los que nuevamente las voces del público se hicieron presentes, mientras que “Efectos vocales” llevó al Teatro Diana a uno de esos pasajes en los que la letra y el dominio de la palabra ocupan el centro de la presentación.

Otro de los momentos destacados llegó con “Un día en suburbia”, canción perteneciente al álbum de 2008 que lleva el mismo nombre. Para buena parte de los asistentes, escuchar nuevamente este tema significó regresar a una etapa particular dentro de la historia del rap en español, pero también comprobar cómo esas canciones continúan teniendo espacio dentro de un público que las reconoce y las hace propias. Más allá del repertorio, uno de los elementos que terminó definiendo la presentación fue precisamente la respuesta de Guadalajara. El Teatro Diana se mantuvo entre coros, saltos y manos levantadas, con un público que acompañó a Nach prácticamente de principio a fin y que convirtió muchas de las canciones en interpretaciones colectivas.


La escena se repitió una y otra vez: Nach al frente del escenario y el público respondiendo desde las butacas, siguiendo las letras y dejando claro que varias de aquellas canciones forman parte de su propia memoria musical. El concierto terminó funcionando así como un encuentro entre distintas etapas de la carrera del rapero y las diferentes generaciones que han encontrado en sus temas una forma de acercarse al hip hop. Durante casi dos horas, el Teatro Diana dejó de ser solamente un recinto para sentarse a contemplar un espectáculo. Se convirtió en un escenario compartido, donde Nach puso sus canciones y Guadalajara respondió con la voz de quienes llegaron para escucharlas, recordarlas y cantarlas nuevamente.


