Enrique Bermúdez de la Serna y Emilio Fernando Alonso, legendarias voces de la crónica del futbol mexicano, primera mitad de los años 1990. Fotografía Revista101.com | Cada Copa del Mundo activa un fenómeno económico y social que se repite con precisión: México consume más, convive más y adapta sus rutinas en función del futbol. De acuerdo con información de empresa líder global en inteligencia del consumidor, el análisis Mundialista de Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022 confirma que el comportamiento del consumidor mexicano se mueve al ritmo de la Selección.

En Sudáfrica 2010, el impacto fue inmediato. Durante la semana de cuartos de final, México disputó un partido en domingo y las ventas de cerveza en autoservicio alcanzaron niveles récord. Esa correlación entre emoción futbolera y consumo marcó el inicio de una tendencia que se mantuvo en los siguientes torneos.
Brasil 2014 reforzó el papel del hogar como principal punto de encuentro. El 79% de los aficionados vio los partidos desde casa y el canal tradicional (tienditas de la esquina) se posicionó como proveedor clave, donde el 61% de los tickets incluyeron refrescos, 55% botanas y 45% cervezas. La experiencia futbolera se vivió desde la sala, abastecida por la proximidad de las tienditas.

Rusia 2018 profundizó el fenómeno social. El 80% de los hogares mexicanos vieron el Mundial, y para el 60% de ellos, los duelos de la Selección se convirtieron en un motivo de convivencia familiar. Los horarios matutinos modificaron hábitos: 14% ajustó su rutina alimentaria. Las papas dominaron como snack, elegidas por el 77% de los televidentes. Las promociones respondieron por buena parte del impulso de compra: 43% de los consumidores reaccionó a descuentos y 21% a regalos. Incluso la dinámica digital se transformó, impulsando un mayor uso de apps de envío: uno de cada diez hogares las usó con más frecuencia o por primera vez. La convivencia también creció: 33% de los hogares recibió invitados para ver la final.

“El Mundial no solo incrementa el consumo: transforma temporalmente los hábitos dentro de los hogares. En Rusia 2018 vimos cambios en rutinas matutinas, mayor dependencia de promociones y una adopción acelerada de aplicaciones de envío. Es una modificación estructural del comportamiento, no un simple pico emocional”, señaló Laura Calderón.
El canal tradicional también vivió un impulso notable durante Rusia 2018. Las transacciones de bebidas alcohólicas y cervezas crecieron 35% los fines de semana en los que jugó México, con un fuerte desplazamiento hacia el consumo nocturno: la mitad de las ventas ocurrió después de las 18:00 horas. Entre semana, refrescos, botanas, helados y dulces infantiles elevaron el ticket promedio en 29%.

Qatar 2022 confirmó la evolución del aficionado mexicano: más social, más dispuesto a salir y más comprometido con el torneo. Durante este periodo, las bebidas alcohólicas aumentaron 4% su sobreíndice de ventas, frente al mismo periodo en un año regular, mientras que las no alcohólicas lo hicieron un 6%. El 74% planeó acudir a un establecimiento para ver los partidos y 95% aseguró que seguiría el Mundial incluso si la Selección Mexicana quedaba fuera. Los bares en azoteas y los bares deportivos dominaron la elección, mientras que la mayoría planificó ver los encuentros con amigos (74%), familiares (52%) y colegas (33%).
El partido México–Argentina alcanzó 16.5 millones de espectadores, un reflejo del compromiso nacional con el torneo. Ese día, el canal tradicional volvió a reaccionar de inmediato: cervezas y botanas aumentaron su participación de 21% a 23% del valor de ventas frente a un sábado promedio. El ticket del día fue de $46.80 (5% más) y durante el encuentro alcanzó $47.74 pesos, un salto del 22% frente al promedio del horario.

“La data es clara: el canal tradicional seguirá enfrentando un impacto significativo. En Qatar 2022, categorías como cervezas y botanas aceleraron su participación durante partidos clave, particularmente en el México–Argentina, replicando un patrón histórico. Pero el mensaje central hoy va más allá. Con México como sede del próximo Mundial, las marcas deben anticiparse desde ahora a un escenario de fluctuaciones de consumo potencialmente sin precedentes. El Mundial no solo seguirá siendo el principal activador inmediato para el retail mexicano; en 2026, su efecto podría escalar a un nivel totalmente nuevo”, agrega Calderón.
El Mundial no solo es el evento deportivo más esperado del país; es también uno de los motores más consistentes de comportamiento comercial. Su capacidad para activar consumo, transformar rutinas y detonar convivencia lo convierte en una ventana estratégica para cualquier jugador del retail que busque anticipar y capitalizar el pulso real del consumidor mexicano. Con información de NielsenIQ México. NielsenIQ (NIQ). Revista101.com


