Héctor Castro Aranda| El concepto del Remind GNP comenzó poco antes de la pandemia, un formato que puso orden en cómo se debían disfrutar los conciertos de nostalgia. La primera edición sucedió hace cinco años con Pat Benatar, Fobia y Christopher Cross. Poco a poco este evento comenzó a hacerse de un nombre, con artistas de la talla de Kool & The Gang, The Jacksons, Gipsy Kings, Gloria Gaynor, Village People, por mencionar algunos. Incluso este evento, que nació en Ciudad de México, ha tenido dos ediciones en Guadalajara. El 29 de noviembre, Remind GNP vivió su edición más grande de todas sus versiones en el Estadio Alfredo Harp Helú, casa de los Diablos Rojos de béisbol, justo a un lado del Estadio GNP.


Lo que parecía perdido en taquilla terminó siendo un bullicio de gente. En punto de las seis de la tarde con cinco minutos se anunció por los altoparlantes, desde Miami, Florida, a KC and The Sunshine Band. Todos los accesos se agolparon y colapsaron para ver al conjunto de Harry Wayne. La agrupación de doce integrantes llevó al público a otra época, antes de los teléfonos celulares, el streaming y la IA. Cuando K.C. (Harry Wayne Casey) finalmente apareció, el lugar explotó en aplausos. Una introducción instrumental extendida, que mostraba la precisión musical del enorme grupo, dio paso a “Shake, Shake, Shake”, mientras Casey daba a cada integrante del conjunto su momento para brillar. Con otro de sus grandes éxitos, “Boogie Shoes”, como segundo número, la energía se volvió de alto octanaje, tema que los catapultó a la fama mundial al ser parte del soundtrack del filme Fiebre de sábado por la noche. Casey, de 74 años y con un sobrepeso visible, no tuvo ninguna barrera para dar un excelente show, bailando y cantando al mismo tiempo como si se sintiera en aquella mítica presentación de Viña del Mar en 1981.



Con apenas un tiempo de 35 minutos, la banda de Miami se apresuró en dar éxito tras éxito. La música disco nunca fue la favorita de los críticos. Al público no le importó. En su mayoría, personas alrededor o después de la edad de jubilación olvidaron sus preocupaciones por un rato y se transportaron a tiempos más sencillos. “Please Don’t Go”, “I’m Your Boogie Man”, “Keep It Comin’ Love”, “Give It Up”, a una velocidad de una tras otra. “That’s the Way I Like It” y “Get Down Tonight”, los grandes temas del final. El público, un tanto molesto porque querían más de KC, quería más tiempo, pero no fue proporcionado, dejando una especie de sabor amargo, pero se agradece al mismo tiempo ver una banda de estas proporciones en vivo.



Tras unos minutos, se prendió una enorme imagen con un contador con el logo de Earth, Wind & Fire; era el momento de apreciar a los angelinos en acción. Con una breve introducción de videos de sus más grandes discos y una voz de ultratumba mencionando “Earth, Wind & Fire”, las luces se encendieron y el estadio estalló con el tema “Shining Star”. Los metales y el bajo de Verdine White fueron una cachetada a los sentidos: el bajo sonaba y vaya que sonaba. Cerca de 30 mil personas celebraban el regreso de la banda a tierras mexicanas. La gente abarrotó los pasillos para ver de cerca a los integrantes con sus pantalones brillantes, túnicas relucientes y chaquetas resplandecientes. La energía también era evidente en el escenario: mientras el vocalista Philip Bailey y los demás cantantes encabezaban el espectáculo al frente, los percusionistas y la sección de metales armaban una fiesta en la parte trasera.

“Let Your Feelings Show”, “System of Survival” y “Serpentine Fire” fueron un disparo directo y certero a las vibraciones del funk y soul. Más adelante interpretaron su versión de “Got to Get You Into My Life” de The Beatles, incluida en su recopilación de 1978 The Best of Earth, Wind & Fire, Vol. 1. Verdine White, Ralph Johnson y Philip Bailey son los que cargan con una marca de más de 50 años, que ha trascendido sobre el tiempo y las modas, y que sigue sonando tan poderosa como en 1974. Bailey, de casi 75 años, lucía en forma como si se tratara de una persona de 50: elegante, con porte, haciendo el trabajo doble, agudo y grave. Las últimas tres canciones fueron las más esperadas de la noche: su tema ochentero “Let’s Groove”, seguido de la favorita disco “Boogie Wonderland” y, finalmente, llegó el turno de “September”. Hubo baile, cantos, gritos y saltos.

Para este momento, el frío ya no era tan tolerante, y con la vara tan alta que dejaron KC and The Sunshine Band, Earth, Wind & Fire y un DJ set por parte de Claudio Yarto de Caló, una cantidad visible de espectadores se fue un poco antes y durante la actuación de The Beach Boys. Pero eso no quitó que los presentes disfrutaran de las legendarias vibras de surf-rock en la capital, ofreciendo una actuación de una hora y media cargada con canciones que transportaron al público a los días dorados del California dreaming. Desde las notas iniciales de “Do It Again” hasta el cierre con “Fun, Fun, Fun” en el encore, la velada fue una celebración nostálgica de éxitos atemporales y melodías llenas de buen ánimo.

El concierto abrió con “Do It Again”, marcando el tono de una noche llena de coros y diversión con pelotas de playa volando por el aire. El primer set se inclinó fuertemente hacia los primeros himnos surf como “Surfin’ Safari” y “Catch a Wave”, con un toque de energía punk en su cover de “Rockaway Beach” de The Ramones. Aunque Mike Love y Bruce Johnston, ambos ya en sus ochenta, quizás no tengan la misma potencia vocal de antaño, su carisma y conexión con la audiencia fueron innegables. Entre los momentos más destacados del primer set estuvieron “Surfer Girl”, que hizo que varias parejas se abrazaran mientras se mecían con la música, y “In My Room”, una interpretación cálida que mostró las armonías del grupo.

La energía impulsada por “Little Deuce Coupe” e “I Get Around” cerró el primer bloque con fuerza, dejando a los fans con ganas de más. La banda mantuvo la energía al máximo con favoritos del público como “California Girls” y “Help Me, Rhonda”. A estas alturas era evidente que, aunque la voz de Love flaqueaba en ocasiones, los miembros más jóvenes, especialmente su hijo Christian, cubrían cualquier vacío sin esfuerzo. Una de las sorpresas más memorables llegó con “Wild Honey”, donde el baterista entregó una actuación electrizante que incluso logró conquistar a los escépticos. Los efectos visuales en el escenario añadieron un toque vibrante sin opacar la música, realzando clásicos como “Good Vibrations” con imágenes divertidas y coloridas.

The Beach Boys lograron entregar justo lo que los fans esperaban: nostalgia envuelta en melodías soleadas. Su interpretación de “Kokomo” puso a todos a soñar con escapadas tropicales, mientras que “Barbara Ann” se convirtió en un gran coro colectivo. Mike Love agradeció la asistencia a su presentación —sabe un poco de español al ser oriundo de Los Ángeles—, la cultura mexicana es parte de él y cantó una parte en español de “Kokomo”. Cerrando con “Fun, Fun, Fun”, la banda dejó claro que aún sabe crear una atmósfera de pura alegría. Fans de todas las edades bailaron en sus lugares mientras Love se despedía, demostrando que, incluso después de décadas de giras, The Beach Boys aún saben cómo cerrar la noche por todo lo alto.


